
Tenía un paraguas y los pies metidos en el río, mientras la lluvia hacía su trabajo ella tapaba aquella piedra con el paraguas . Estaba quieta, pero salió de si misma para acompañar a la oscuridad mientras tocaba una corriente con el pelo que ondeaba como una bandera, que no pertenecía a ninguna parte. Su boca sonreía como la pena y los labios le gritaban al llanto, pero sus ojos miraban a la corriente, ojos que suplicaban que la lluvia no parase nunca, mientras sus pies poco a poco se ivan convirtiendo en parte de esa piedra a la que ella tapaba.